No crear dependencia, sino formar fortaleza

Una reflexión sobre la importancia de la protección y la orientación como base de la confianza y la seguridad

Leiko Hidaka

2/23/20262 min read

black blue and yellow textile
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Recordando peculiaridades de la forma de crianza que tuvo mi papá con mi hermano y conmigo, comprendí que su filosofía no es tan distinta a la filosofía de atención de un/a buen/a obstetra.

Durante mi infancia y adolescencia sentí que mi padre me orientaba sobre distintas opciones y me impulsaba a explorar con cautela, pero siempre reiterándome que él estaría ahí si lo necesitaba. No era una presencia invasiva, pero tampoco distante. Me explicaba escenarios, me ayudaba a pensar y luego me dejaba decidir. Y si surgía algún imprevisto que yo no pudiera resolver, sabía que contaba con su apoyo.

Esa forma de acompañar forjó en mí confianza y seguridad. Me sentía respaldada. Me sabía protegida. Y cuando una persona se siente así, se atreve a crecer.

Tras varios años acompañando a madres y familias embarazadas entendí que algo muy similar ocurre en la atención respetuosa del nacimiento. Un/a buen/a obstetra no controla cada paso ni sustituye la capacidad de la mujer. Tampoco abandona a la madre bajo el argumento de “dejar que todo fluya”. Informa, orienta, y permite que la mujer transite su proceso con autonomía. Pero permanece presente, atent@, disponible para actuar si el bienestar de la madre o del bebé lo requiere.

No se trata de dirigir. Se trata de sostener.

Hoy mi padre ya no está en esta tierra. Y, sin embargo, no me siento abandonada ni desprotegida. Durante el tiempo que lo tuve, cultivó en mí la confianza y me enseñó herramientas que sigo utilizando. Su presencia fue un tramo esencial del camino que me trajo hasta donde hoy estoy, pero su ausencia no significa parálisis ni incapacidad de afrontar la vida. Es otro ciclo. Uno que continúo atravesando con la confianza forjada a lo largo de los años y con las herramientas aprendidas.

De manera similar, cuando una mujer llega a la labor de parto sabiéndose bien acompañada durante su embarazo, con información clara y confianza en sí misma, la experiencia cambia. La vivencia del nacimiento no depende exclusivamente del obstetra, sino también de la actitud y percepción de la madre, construidas sobre la seguridad que fue sembrada en el proceso previo.

Tal vez eso es lo que define una buena autoridad (en la crianza y en el nacimiento): no crear dependencia, sino formar fortaleza.